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Declinaciones en alemán

Las declinaciones en el idioma alemán son un bardo. // German declination is really hard.

Aquí les dejo un apunte que me hice hace algunos años, para ayudarme a recordar cómo funcionaba la lógica del asunto.

Pueden descargar el PDF con las declinaciones desde aquí.

You can download the PDF with german declinations from here.

La cuestión de dar clases

Hace ya muchos años que doy clases y hace algunos que me considero profesor (al menos tanto como me considero diseñador, que no es mucho pero es algo). Hoy me preguntaba qué consejos le daría a una persona que está empezando a dar clases.

Por qué dar clases

Cada cual tendrá sus motivos por los cuales dedica todo o parte de su tiempo a la enseñanza: yo doy clases porque me gusta. Después de varios años comprendí que en pocas situaciones me siento tan feliz, completo, útil y trascendental como cuando al frente de un aula o taller.

Como diseñadores —sea por necesidad o debido al envión mismo que va tomando la práctica profesional— estamos acostumbrados a realizar algunos proyectos que carecen de trascendencia: diseñar un catálogo X, el sitio web institucional para la empresa Y, las tarjetas personales del licenciado Z. Hay proyectos que son interesantes —y entonces uno se siente un engranaje útil de la sociedad— y otros que no lo son, y entonces uno está ahí trayendo al mundo más objetos innecesarios.

Dar clases es siempre útil a la sociedad (hay excepciones: uno puede enseñar a construir bombas nucleares y entonces qué sé yo). En fin, la educación nunca está de más, diríamos que todo lo contrario: falta y hace falta. Enseñar es hermoso porque aprender es hermoso. Acompañar a otra persona en su proceso de aprendizaje, contarle lo poco que uno sabe, guardarse algunas respuestas para preservar su derecho al descubrimiento y eventualmente estar presente cuando lo descubren, ayudarla a pensar por su cuenta: es un lujo. Me siento un tipo muy afortunado al ser remunerado por tan lindo trabajo. Lo digo con toda sinceridad.

Algunos (pocos) tips

Con el correr del tiempo fui dándome cuenta de ciertas cuestiones que son importantes a la hora de dar clases. Algunas podrán sonar obvias y otras no tanto. Trataré de hacer hincapié en las que siento más personales, menos dichas. Lo primero que voy a decir es lo siguiente: no escuchen a los pedagogos. Eso: no escuchen, lean, presten demasiada atención a los dichos de pedagogos y afines. No tengo argumento válido al respecto —y estoy seguro que habrá excepciones—, pero la experiencia y las charlas compartidas con otros docentes me han dado la razón. No soy el único con esta sensación. Hay algo raro, poco feliz, que ocurre con la recursividad de la tarea del que intenta únicamente enseñar a enseñar, que no funciona. Al menos les diría que no confíen en los pedagogos que, al mismo tiempo, no sean docentes en otra materia de estudio. Diferente es un docente que ha decidido estudiar pedagogía para ahondar en los misteriosos mecanismos que se activan al momento del aprendizaje, pero la pedagogía por sí sola, ocupándose del meta-problema pero nunca del problema, no.

Se sobreentiende, supongo, que este artículo es un conjunto de opiniones más o menos fundadas, en base a mi experiencia personal. No pretendo hacer de esto una serie de consejos nunca vistos, ni originales, ni mucho menos verdaderos. Por otra parte, yo suelo dar clases en el ámbito terciario y universitario: lo más probable es que haya que pensar alternativas para diferentes niveles: como el primario y secundario.

El habla

La principal herramienta con que contamos es la voz. Es imprescindible hablar claro, más despacio que lo habitual, con potencia (sin romperse la voz: conviene educarla para una correcta impostación, el punch viene del diafragma, no de la garganta… la panza, digamos: las tripas). Evitar la monotonía en el tono (los estudiantes se duermen), conviene actuar un poco, inventarse y creerse un personaje. Tratar de utilizar el vocabulario más preciso, pertinente y técnico posible. Permitirse el silencio y pensar antes de hablar está muy bien; cuesta, porque uno está acostumbrado a pensar en el contenido de aquello que dice, pero no tanto en la forma: en una clase ambas tienen la misma importancia.

Yo encontré que me es útil, además, romper el hielo de vez en cuando con chistes o vocabulario coloquial. Decir alguna estupidez. No importa la época en que vivimos, o si tenemos un tatuaje en medio de la frente: quienes toman un curso generalmente se sobresaltan cuando escuchan al que en ese momento juega el rol docente decir el explorer es una mierda, esta documentación no se entiende un carajo, etc. Es poco protocolar, puede sonar estúpido, pero sirve para recuperar la atención de quienes puedan estar pegándose un embole de aquellos.

Estructura

En lo posible trato de estructurar la clase. Aprendí que crearse pequeños ritos ayuda a organizar el tiempo. Es conveniente tener un par más, pero absolutamente imprescindible tener un rito de apertura y uno de cierre. Esto hace las veces de <clase> bla bla bla </clase>, quienes sepan algo de HTML entenderán la metáfora. Sentido de conclusión, dirán los músicos. Es importante que quienes acuden a una clase puedan percibir cuándo empieza y cuándo termina. Es, en parte, la razón por la que algunos profesores obligaban a sus alumnos a ponerse de pie al ingresar al aula: la joda terminó, ahora empieza la clase (obviamente, con connotaciones extra que en lo personal no me interesan: autoridad, superioridad, etc).

Algunos de mis ritos incluyen:

  • Un saludo inicial, absolutamente explícito. ¿Cómo andan? ¿Qué hicieron? ¿Algo interesante que debiéramos saber? ¿Alguna película, obra de teatro, muestra en algún museo? Mis clases suelen ser de diseño, o tener cierta relación (tecnología para diseñadores, desarrollo web para diseñadores), por lo que estas preguntas no están fuera de tema y enriquecen a todos quienes estamos presentes.
  • Una breve reseña, a modo de recordatorio, de lo hecho la clase inmediatamente anterior. Esto, muy breve. Y la posibilidad de que se hagan preguntas al respecto.
  • Un brevísimo índice, describiendo los títulos que se verán en el día.
  • La clase en sí.
  • Para dar fin a la clase: una reseña de los temas vistos (que tiende a parecerse al índice inicial, pero es apenas más descriptiva e incluye las cuestiones que no se habían planificado y fueron surgiendo durante la clase).

Planificación

Es importante establecer la planificación clase a clase. La primera vuelta no suele ser muy fidedigna: se pretende que el docente planifique necesariamente antes de saber cuánto va a rendir cada encuentro. Quiero decir: es muy probable que luego uno se dé cuenta que las clases quedan cortas en relación a todo lo que se había pensado de antemano o todo lo contrario, que sobra tiempo.

Ahora bien, si durante la primera vuelta (por ejemplo: el primer cuatrimestre que dictamos un curso específico) vamos anotando prolijamente lo que en efecto se hizo cada clase, tendremos un programa y un plan clase-a-clase súper ajustado y realista, que evidentemente podrá ser mejorado para las iteraciones siguientes, pero donde tendremos muy claro el rendimiento de cada encuentro.

Emergentes (o lo que no puede ser planificado)

Gran parte de lo que ocurre en una clase surge ahí mismo: es esperable que así sea. Es difícil, cuesta acostumbrarse, pero tanto mejor si se es capaz de estar atento a estos emergentes y ser lo suficientemente flexible para aprovecharlos como la verdadera oportunidad que significan, en vez de descartarlos de cuajo como una mera disgreción.

Los emergentes aparecen en diversas formas (like the Devil, they wear many disguises): puede ser una idea nuestra, una conexión que hacemos nosotros, consciente o inconscientemente, al momento mismo de dar la clase; puede ser una pregunta de un estudiante; un comentario, una charla que oímos al pasar; un chiste enunciado por alguno de los presentes. Siempre y cuando sea pertinente, aprovechar estos emergentes es crucial para hacer de la clase un momento dinámico, pero también único. De otra forma nos aburriremos nosotros por la necesaria repetición que implica dar un curso muchas veces y entonces aburriremos a los alumnos.

Be good

A nadie le gusta que se lo trate mal (al menos no conscientemente, no en una clase, no cuando se es estudiante). Hay cursos que salen mejor, otros peor. Hay grupos con los que se establece un vínculo productivo enseguida, otros que significan un desafío más exigente. Es muy fácil caer en la idea de creer que el alumno no entiende nada y qué barbaridad, el twitter, facebook, la juventud, etc. Pero cuando dentro del aula alguien no entiende, el mayor responsable es uno. A veces es difícil y uno se exaspera porque también es humano, pero es necesario tratar siempre con respeto y cariño al prójimo: el que se está explicando mal es uno.

Es que elegimos esta profesión no para enseñarle a los que ya saben, o a quienes podrían aprender solos; sino justamente a quienes necesitan este espacio. Elegimos dar clases, como diría Kennedy, not because it’s easy, but because it’s hard.

Por qué alemán?

Hace algún tiempo me embarqué en el estudio del idioma alemán y resulta ser que cada persona que se entera del asunto me pregunta exactamente lo mismo: ¿Por qué alemán?

Mi relación con el idioma es cuanto menos complicada, como se imaginarán; especialmente teniendo en cuenta que mis primeros intentos comenzaron solo, sin una guía formal ni clases (estos últimos cuatro meses finalmente me rendí y comencé las clases). En fin, al grano. Les dejo aquí un breve texto del amigo Martin Buber por si ayuda a contestar la pregunta.

*** 3 ***

Para aclarar voy a escoger el concepto de culpa (Schuld: Recuérdese la nota a propósito de la misma palabra empleada por Nietzsche. En alemán Schuld significa a la vez culpa y deuda.). Heidegger, que siempre arranca de la “cotidianidad” (de la que ya nos ocuparemos), parte en este caso de la situación que le ofrece el idioma alemán, en el que se dice que alguien le debe a otro (schuldig ist), y luego de la situación en que alguien debe responder de algo (an etwas schuld ist), y pasa de aquí a considerar la situación en que alguien se hace culpable respecto a otro (schuldig wird), esto es, que causa una deficiencia en la existencia de otro. Pero también en este caso tenemos un estar en deuda o culpa (Verschuldung) y no ese ser culpable genuino y original de donde surge y que lo hace posible. El ser culpable genuino consiste, según Heidegger, en que la Existencia misma es culpable. La Existencia es culpable —deficiente, deudora— en el fondo de su ser. Y, ciertamente, la Existencia es culpable, debe, porque no se logra, no cumple consigo misma, porque permanece estancada en eso que llamamos lo “general humano”, el “Se” (das Man: Se sustantiva y convierte en personaje lo “humano en general”, el se de “se piensa”, “se dice”, “se muere”. ¿Quién piensa?: se piensa.), y no trae a ser al yo genuino, el “mismo” del hombre (uno mismo). En esta situación se oye la voz de la conciencia. ¿Quién llama? La Existencia misma es la que llama. “La Existencia se llama a sí misma en la conciencia”. La Existencia, que no ha llegado a ser “ella misma por deficiencia —deuda, culpa— de la Existencia, se llama a sí misma, da voces para que recuerde al “mismo”, para que se libere para poder llegar a ser “uno mismo” pasando de la “inautenticidad” a “la autenticidad” de la Existencia.

Tiene razón Heidegger al decir que para comprender cualquier relación de culpa hay que acudir a una culpabilidad primordial. Tiene razón al decir que somos capaces de descubrir la culpabilidad primordial. Pero no lo podremos hacer si aislamos una parte de la vida, aquella en que la existencia se comporta consigo misma con su propio ser sino, por el contrario, percatándonos íntimamente de la vida entera sin reducción alguna, de la vida en que el individuo se comporta, esencialmente, respecto a otras cosas que no son él mismo.

La vida no se despliega precisamente cuando yo juego conmigo mismo este misterioso juego de ajedrez, sino cuando me encuentro colocado en la presencia de un ser con el que no he concertado ninguna regla de juego y con el que tampoco se podría concertar. La presencia del ser, ante el que estoy colocado, cambia su figura, su apariencia, su revelación, es diferente que yo, a menudo espantosamente diferente, y distinto a como me lo había figurado, a menudo espantosamente distinto. Si salgo a su paso, si acudo a él, si me encaro con él, realmente, esto es, con la verdad, de todo mi ser, entonces y sólo entonces estoy yo “auténticamente” ahí; estoy ahí si realmente estoy ahí y la localización del “ahí” dependerá, en cada caso, menos de mí que de esa presencia del ser que cambia su figura y manifestación.

Cuando no me hallo realmente ahí soy culpable. Si al llamamiento que me hace el ser presente: “¿Dónde estás?”, respondo: “Aquí estoy”, pero no estoy de verdad ahí, es decir, que no estoy con la verdad de todo mi ser, entonces soy culpable. La culpabilidad primordial es ese quedarse-uno-en-sí. Si una figura y manifestación del ser presente pasa por delante de mí y yo no estaba en verdad ahí, entonces, desde la lejanía donde se esfuma me llega un segundo llamamiento, tan callado y recóndito que parece provenir de mí mismo: “¿Dónde estabas?” Ésta es la voz de la conciencia. No es mi Existencia la que me llama sino el ser, que no soy yo, es quien me llama. Pero ya no puedo responder sino a la figura próxima; la que habló ya no es alcanzable. (Esta figura próxima puede ser, a veces, el mismo hombre, pero en una manifestación distinta, ulterior, cambiada.)

Tomá mate… oder Bier.

Martin Buber, ¿Qué es el Hombre?, “La doctrina de Heidegger”, parte 3.

Metamorfosis

Como ya es tradición en este sitio: las modificaciones se hacen en vivo y en directo.

En este momentísimo el sitio se encuentra en proceso de metamorfosis, por lo que el diseño está cambiando continuamente y puede verse un tanto extraño.

Sr. visitante: tenga a bien disculpar las molestias y disfrutar del espectáculo. Gracias.

Diseño nuevo: pronto

Hace algún tiempo, allá por febrero del 2010, hice este blog con una consigna sencilla: “un blog en una noche“. Aquí estoy de nuevo en situación similar, a punto de modificar el diseño del sitio web.

Pienso hacer algo parecido. Tengo alguna remota idea de lo que voy a hacer con el sitio: mis pretensiones, mis expectativas, pero no mucho más. Trataré de hacerlo en un lapso cortísimo de tiempo y luego irlo mejorando. Creo que es mejor así, como para no estirar el proceso en idas y vueltas. Algo de lo adrenalínico de hacerlo de esta forma se traduce en acción y creo que está bien que así sea.

Ya veremos cómo sale. Por lo pronto adelanto que, en breve, este sitio comenzará a mutar.

Ahí se ven! :)

Felicidad y thanx

Así sin más, al acostarme una de estas últimas noches miré el techo y pensé que soy feliz. Puede parecer una tontería —o no—, pero ocurrió así, sin previo aviso.

Pensarse feliz es un tema engañoso, porque uno no es uno, sino un conjunto de tantítimos unos que se van sucediendo y se devienen unos en otros. A pesar de ser uno feliz en general, digamos, los momentos de felicidad y esa especie de pseudo-plenitud son escasos y generalmente están rodeados por una cierto éter de angustia difusa; esto no es malo, por el contrario, es el motor de lo que hacemos.

Uno se piensa feliz de a ratos.

Esa angustia —quizás la misma que el amigo Segismundo llamó “el malestar en la cultura”— lo lleva a uno a hacer, a producir y a superarse, en el mejor de los casos.

Decía: miré el techo y fui feliz, y pensé que lo fui porque en las últimas semanas había hecho muchas cosas. Fueron semanas de mucha producción. Haré un breve reconto aquí de lo hecho, pero en principio diré que estoy muy agradecido con la gente cercana que me acompaña día a día —especialmente con mi novia y el Pica team— y con las oportunidades que se han presentado en este tiempo. En mi caso, producir me hace feliz, pero el proceso mismo de producción es muchas veces difícil y angosto, y sería tanto más peliagudo, cuando no imposible, sin la ayuda y el apoyo de quienes me rodean.

Entre los sucesos puntuales que me dieron alegría en este último rato, algunos son más bien personales y otros, de interés un tanto más general, que gusto de listar a continuación:

Grupo Soporte

De los muchos proyectos que intento llevar adelante, la mayoría queda en una eterna niñez o pubertad dudosa. Tengo la costumbre de iniciar proyectos que quedan inconclusos, algo parecido a un hobby: iniciar proyectos. Esto suele ser frustrante, pero no es necesariamente malo, por el contrario: comenzar procesos proyectuales es altamente creativo y conlleva una práctica que ejercita la psiquis en esto que los diseñadores llamamos un saber-hacer, pero que rara vez se lleva a cabo en tanto práctica (en el sentido de hábito, de ejercicio para mantenerse en forma, justamente).

El proyecto denominado Soporte, que llevamos adelante junto a Matías Castellá Esplugas y Leandro Barales (viejo amigo y socio en Pica) —y cuyo brindis inaugural aconteció en el verano— va alcanzando su adolescencia en la forma de una extraña gira —a la manera de las bandas de rock— cuyo hit es la charla/performance Color Luz.

A modo de enunciación, el proyecto tiene que ver con la creación y divulgación de material didáctico para la enseñanza y aprendizaje de tecnología para diseñadores. Por ahora fuimos invitados a hablar sobre Color Luz por la cátedra Pereyra de Morfología (carrera de Diseño Gráfico), y Lisman de Medios Expresivos (carreras de Diseño de Indumentaria y Textil), ambas en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU) de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Una experiencia sumamente enriquecedora, que significa un primer paso en el campo de la investigación.

Multiplicando en Pica

Por otro lado, en el estudio hemos estado desarrollando —a pedido de un cliente— un CD-ROM con video-juegos para la enseñanza de la multiplicación a niños de escolaridad primaria. El proceso fue largo, incluyó ilustración, planificación, animación y programación de todo el interactivo. Aún no se encuentra terminado, pero ya casi, y estamos muy felices. En el estudio hemos dedicado los últimos días a trabajar codo a codo en este proyecto, en pos de finalizarlo en breve. Un maravilloso trabajo en equipo que también hizo a mi satisfacción personal. Aquí un adelanto.

Uno comparte la mayor parte del día con sus compañeros de trabajo. Yo tengo la suerte de trabajar con amigos, gente excelente, en lo personal y profesional. Un verdadero placer.

De visitantes…

Gutenberg es la casa de estudios donde ejerzo la mayor cantidad de horas como docente. Hace ya siete años que doy clases de las tecnologías Web y Flash en sus aulas. Nuevamente (esto ya había ocurrido el año pasado), en el marco de la materia de mi gran amigo y colega Ezequiel Irazabal, el equipo de Pica fue invitado a dar una charla sobre la metodología de trabajo que seguimos para nuestros proyectos editoriales, haciendo especial hincapié en Revista THC. Ir invitado a un lugar que se siente propio es siempre una experiencia distinta, una adrenalina diferente. Mientras que las clases de uno están bajo control —casi siempre—, estas ocasiones son gratamente impredecibles.

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En fin, gracias.