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Cambios en la distribución del conocimiento

Existen tres grandes movimientos históricos que —al tiempo que se acercan, superponen y adicionan entre sí— están modificando la forma como nos relacionamos con la información y el conocimiento.

Es una situación compleja, si quisiéramos rendir culto al realismo no la podríamos reducir sólo a tres factores. Puesto que poco me importa el realismo —me caen bastante más simpáticas las Vanguardias del Siglo XX—, considero que podemos desglosar y modelizar esta situación para facilitar su análisis, de manera que se tomen en cuenta tres movimientos que hoy confluyen, como decíamos, complementándose y afectándose mutuamente; a saber:

  • El software (todo lo que no es tangible en una computadora es decir su estructura lógica, sus cálculos, su potencialidad)
  • El copyright (el derecho de autor y la propiedad intelectual)
  • Los media (o medios de comunicación)

El software

Por un lado está el software: una construcción humana (como no puede ser de otra manera) que se encuentra en este momento atravesando un gran porcentaje de nuestras prácticas cotidianas. Desde la investigación científica hasta la agenda personal de un ciudadano; los frenos inteligentes de un automóvil, el uso y abuso de las redes sociales, la administración de citas de un doctor en medicina, las historias clínicas de sus pacientes, el control de vuelo de una aeronave, el diseño de dicha aeronave, las pruebas sobre la aerodinamia de un automóvil, el diseño interior del automóvil y el exterior, la creación de música, la creación de cualquier tipo de obra de arte, la reproducción de esas obras, su distribución, la consulta de recetas de cocina, la consulta de casi todo en la Web, la comunicación con familiares lejanos, las charlas con amigos, el correo electrónico y la organización de la compleja logística del correo tradicional… En fin, el software atraviesa más áreas significativas de lo que uno cree.

Se puede leer más al respecto en el libro Software takes command, de Lev Manovich.

El copyright

Por otro lado tenemos el devenir que han sufrido a nivel histórico los conceptos de autor y original. Hasta hoy cuando nos encontramos ante la trampa del copyright y debatiendo leyes que pueden modificar y coartar la forma en la que los seres humanos intercambiamos conocimientos.

La propiedad intelectual y el derecho de autor tuvieron otro objetivo inicial: promover la distribución de una obra individual al resto de las personas, en beneficio del enriquecimiento de la sociedad toda. Así como una novela enaltece o un medicamento cura, de poco sirven si afectan únicamente a su creador. La posibilidad de lucro a posteriori —a través de las leyes de propiedad intelectual, patentes y derechos de autor— incentivó a artistas, inventores y científicos a distribuir su obra en beneficio del prójimo.

Hoy en día estas leyes funcionan de manera exactamente inversa: su existencia misma implica una serie de trabas finamente planificadas para lo que otrora hubiera significado la distribución de la información en beneficio de la sociedad.

La gran mayoría de los autores independientes se priva de distribuir su obra ante la imposibilidad de acceder a los grandes lobbies editoriales. Esta privación radica exclusivamente en una esperanza vana. El autor espera un futuro incierto en el que será admitido en el sistema de las grandes editoriales, con altos tirajes y un gran aparato publicitario en derredor a su obra: lo que aseguraría un altísimo grado de distribución. No se trata de una realidad, es sólo una esperanza, una probabilidad casi nula, salvo por casos excepcionales y de unos pocos con suerte (o palanca) que logran acceder.

De nada le sirven las leyes de derecho de autor y propiedad intelectual a estos creadores. La obra jamás se distribuye. No cobran un peso. No son protegidos por las leyes, pero tampoco significan competencia para las obras distribuidas a través de un gran sistema mediático comandado por empresas multinacionales. Pierde el autor, pierde la sociedad, ganan únicamente los grandes grupos económicos.

Un ejemplo terrible es el caso de las grandes compañías farmacéuticas. Sus inventos podrían tener un impacto enorme en beneficio del conjunto de la sociedad si las fórmulas pudieran ser utilizadas con absoluta libertad y la ganancia estuviese en la fabricación y distribución del producto, y no en en las licencias para el pago de patentes. Nuevamente, en los últimos años la función de la propiedad intelectual se ha subvertido: de incentivo para la distribución en beneficio de la sociedad se convirtió en recurso para la acumulación intrascendente de capitales, ampliando aún más la brecha mundial para quienes no tienen acceso a la salud, la cultura, la educación, etc.

Los medios de comunicación

Por último, la evolución que los medios de comunicación han tenido durante los siglos XIX y XX forma parte de lo que en un par de siglos podrá ser estudiado como un único gran movimiento que incluya la electricidad, el telégrafo, la radio, la computación y culmine con la Internet: una red computarizada que permite la comunicación instantánea entre dos puntos cualquiera del globo terráqueo. Vaya uno a saber qué nombre darán a este gran movimiento, pero estoy seguro de que será estudiado como un conjunto y no como hechos aislados.

Nombro aquí algunos hitos, invenciones y personalidades porque merecen la disgreción:

  • El telégrafo
    Inventado por el amigo Samuel Morse (quien supo ser profesor de arte y diseño) en el año 1835.
  • El teléfono
    Aquí dos nombres importantes para resaltar: Elisha Gray y Alexander Graham Bell allí por el año 1870.
  • Las señales de radio
    Descubiertas casi en simultáneo por Guglielmo Marconi y Nikola Tesla en situaciones distintas, rondando el 1895.
  • La televisión
    A partir del tubo de rayos catódicos inventado por Karl Braun en 1897, y el primer transmisor de imagen televisiva inventado por Philo T. Farnsworth en 1927.
  • Internet
    Los cálculos, la computación, la electrónica, Internet, incluyendo nombres como George Boole, Charles Babbage, Herman Hollerith, Alan Turing y tantísimos otros.
    La historia de esta gigantesca red de redes de computadoras llamada Internet incluye por supuesto también a varias personas significativas,  algunos antecedentes históricos sobresalientes como ARPANET y NSFNET, y la explosión de popularidad —con su consecuente inyección de capitales— que significó la aparición de la World Wide Web, inventada por nuestro queridísimo amigo Sir Tim Berners-Lee.
    Internet está en camino a transformarse en el medio de comunicación a través del cual se transmitirán todos los formatos preexistentes (radio, tv, etc.), y probablemente los que vendrán. Está en camino a transformarse ya no en un medio, o los media, sino algo así como El Media (la incongruencia de número es adrede).

El problema

¿Qué ocurre cuando las tradicionales normativas del copyright se encuentran con aquel software que atraviesa cada aspecto de nuestras vidas y la posibilidad de distribuir información de manera instantánea, mundial y libre gracias a Internet?

Estamos en un momento clave, de alta fricción y muy problemático con respecto a la distribución de la información y el conocimiento. Existen ahora nuevas posibilidades de distribución que conviven con prácticas y normas preexistentes, y que vienen justa y posiblemente a dinamitar los cimientos del modelo de negocios de una serie de grupos económicos multimillonarios.

Vivimos en un mundo en el que sobra comida pero donde mucha gente vive sin tener qué comer. Es una situación triste y ridícula pero difícil de solucionar por las dificultades que acarrea la producción y distribución de bienes materiales, tangibles, que pesan, ocupan lugar y son difíciles de transportar. Nadie quiere hacer este trabajo gratis (muy pocos). Insisto: situación igualmente ridícula y triste, pero en fin.

Ahora bien, imaginemos que tenemos un replicador, a la manera de Star Trek.

Supongamos que podemos generar comida y objetos materiales para todos utilizando únicamente electricidad y que el costo de la misma está solucionado, o es muy barato. (La humanidad tiene una creatividad negativa a prueba de fallas, lo sé, y de alguna manera se las ingeniaría para matarnos de hambre como fuere, pero hagamos un esfuerzo por un momento.) ¿No sería ridículo que siguiera habiendo personas que no pudiesen satisfacer sus necesidades básicas?

Bien. Fin de la fantasía. Resulta que esta máquina existe en realidad. Los replicadores existen y mucha gente posee uno en su casa, el asunto es que sólo pueden replicar objetos inmateriales, información digamos: se llaman computadoras y sólo necesitan electricidad para realizar tantas copias como a uno se le antoje de lo que sea (siempre y cuando se trate de información).

¿No es ridículo privar a la sociedad de información que cuesta casi nada —sólo electricidad— replicar? Sip. Es ridículo.

Por otra parte, así como decimos que la Computación electrónico/digital permite la reproducción con costo virtualmente nulo, en paralelo ocurre que Internet permite la distribución con costo virtualmente nulo. ¿No resulta ridículo bloquear la distribución al resto de la sociedad, cuando conlleva un costo básicamente nulo? Sip, también.

La avivada

Pero esto no es todo, si bien se trata de medios de producción que posee mucha gente (todos aquellos que poseen una computadora) —y a pesar de que las leyes prohíben lo que en la práctica es en efecto posible y no perjudica a nadie: la reproducción—, existe una minoría que sí tiene el derecho al lucro a través de la reproducción indiscriminada que, insistimos, cuesta casi nada (sólo electricidad). En definitiva: existe una minoría, millonaria, que tiene la famosa Gallina de los Huevos de Oro: produce infinitamente, con un costo de producción nulo o casi nulo, cobra cada unidad como si se tratase de un objeto material irreplicable y prohíbe —gracias a leyes que fueron creadas en otro contexto histórico y con los fines exactamente opuestos— lo que ellos están haciendo y en lo que basan su negocio: la replicación.

El colmo absoluto de esta situación radica en lo siguiente: en muchos casos un porcentaje relativamente pequeño de todo este proceso llega al verdadero autor, creador, inventor. En su mayoría, el gran negocio lo realizan los grandes monopolios editoriales, farmacéuticos, mediáticos, creadores de software, Hollywood, etc, quienes además son los que se apropian del derecho a la reproducción.

Se puede leer más al respecto en el libro Copia este libro, de David Bravo Bueno.

Posibles soluciones

Existen varios caminos hacia la democratización de la información, que permitan al mismo tiempo una mayor distribución de las ganancias producidas por la generación de información, literatura, música, obras, software, etc. Seguramente sean más, pero este post ya es lo suficientemente largo para aburrir hasta a su propio autor. Aquí van algunos:

El modelo libre

Una de las principales trabas para la generación de ingresos de autores, artistas e inventores es la posibilidad de darse a conocer como profesionales o personalidades relevantes. La distribución de sus obras de forma libre puede transformarse en un proceso exponencial, logrando un alto grado de exposición y reconocimiento, que devendrá en futuras ofertas de trabajo o incluso en lectores/consumidores/expectadores que querrán pagar voluntariamente.

Existen alternativas y puntos intermedios a la hora de distribuir una obra permitiendo diferentes grados de libertad con respecto a lo que se puede hacer, o no, con dicha obra.

Algunas opciones interesantes a investigar son:

El modelo colaborativo

Es difícil llevar a cabo grandes producciones en solitario o con grupos pequeños. Ya sea por falta de capitales o por falta de mano de obra. Un perfecto ejemplo de lo que se puede lograr con métodos colaborativos es Wikipedia, por supuesto. Lo mismo ocurre con tantísimos proyectos opensource que andan dando vueltas por ahí. En el campo del diseño, un simpático ejemplo es de nuestros amigos de Google, con su pequeña biblioteca de fuentes libre (libre fonts) llamada Google Web Fonts.

Tanto quienes trabajan en Wikipedia, como quienes diseñan las fuentes de Google Fonts cobran, es decir que viven de su trabajo. Realizar una obra informática y darla de manera libre no implica hacerlo únicamente por amor al arte.

Para quienes quieran iniciar un proyecto y estén faltos de capitales, un recurso que está siendo muy utilizado hoy en día —incluso para la creación de obras cinematográficas— es KickStarter. Quien quiera hacer un proyecto expone su propuesta y los navegantes van realizando donaciones para la culminación de dicho proyecto; dichas donaciones únicamente se realizan si efectivamente se junta la cantidad de hipotéticas donaciones que requiere el proyecto. Es decir que, por ejemplo, si necesitan juntar USD10,000 y yo propuse donar USD20, únicamente me debitarán los mentados veinte una vez que hayan juntado la cantidad de propuestas de donaciones necesarias para la realización del proyecto. Win win, que le dicen.

Conclusión

No podemos seguir tratando de la misma forma legal a los bienes intangibles y a los tangibles. Los medios para la reproducción y distribución de la información están hoy al alcance de todos, no hay razón humana y solidaria que permita justificar que mientras las leyes prohíban y castiguen la reproducción de información a ciudadanos indefensos, permitan al mismo tiempo a grandes y multimillonarios grupos económicos lucrar a través de una reproducción y distribución que les cuesta virtualmente nada.

No se trata de objetos materiales. No deberían regularse como tales.